Conocí en secreto a la amante de mi marido. Delicada, encantadora y dulce, su nombre era Saira. “¡Nunca dejaré al Duque!” “Ahora, *ese* es el espíritu.” “¿Q-qué?” Me había reencarnado como Tareia, una mujer noble con una familia adinerada, belleza y nada por lo que sentirse infer...